De cómo un director creativo puede cargarse completamente el estilo, savoir faire y personalidad de una firma icónica… o no.

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“Voy a hacer lo que me salga de la polla”, ¿Porqué? ¿Porqué no se manda un comunicado con ese titular por parte de la casa Saint Laurent París firmado por el propio Hedi Slimane? Sería mucho más honesto, mucho más directo y se acabaría con tanta especulación y tanto critiqueo.

Las nuevas imágenes de campaña del Music Project de Hedi Slimane para Saint Laurent París, protagonizadas por iconos del mundo del rock como Marilyn Manson, Courtney Love o Kim Gordon fotografiados por el propio diseñador, han causa tal revuelo en el mundo de la moda que ya de por si la estrategia de marketing vale un potosí. Pero ¿beneficia esto a la casa francesa?

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Si por lo menos se pudiera decir “ha sido sincero, ha cogido a referentes y los ha mantenido intactos como valor incalculable”, pero no, Slimane les ha dejado escoger sus estilismos y posteriormente les ha dado un lavado de cara estupendo. Vemos composiciones completamente milimétricas, estudiadas y completamente phosohopeadas. Una diva rocker exdrogainómana se revuelca por el suelo estupendamente estirada y con un abrigo de piel. ¿WTF?

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O al menos apostar por el new grunge. Ni siquiera apuesta por jóvenes talentos o por dar cabida a algo fresco, utiliza estrellas caducas y no me parece la forma mas adecuada de mirar hacia adelante. Me toca particularmente el alma el detalle de las uñas destrozadas de Ariel Pink, le pegaría tal colleja a todo el mundo que haya tenido toma de decisión en esa foto…

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Cuando te dan el poder absoluto pueden pasar estas cosas. Incongruencias – o quizá no tanto, porque según afirma la casa se intenta retomar y emular la unión de Laurent con Mick y Bianca Jagger (diseño sus vestidos de boda)– que pueden hacer tambalear los pilares de cualquiera.

No voy a hablar de prendas sacas del outlet de H&M, ni modelos medio yonkis, tampoco voy a hablar de elegancia y estilo del pasado, sólo de esas sensaciones contrapuestas entre el histórico de la firma y la actualidad. Una dualidad que puede ser perfectamente entendida en el ejemplo de Marilyn Manson, convertido en un ente extraño, feo, desubicado de la realidad histórica y completamente vendido al diablo. Y por favor amigos de Vogue, dejen de llamar a este señor enfant terrible porque 1: ya no es un crío y 2: sólo es un mamarracho.

hedi slimane saint laurent paris musi collection Kim Gordon (1) hedi slimane saint laurent paris musi collection Kim Gordon (2)

Mi historia de la moda, aún, no es tan extensa y profunda como para valorar detenidamente la idiosincrasia de la firma y la personalidad de Yves Saint Laurent, pero si puedo permitirme el lujo de dar breves pinceladas sobre lo que me trasmitía antes (históricamente) y sobre lo que me trasmite ahora.

El antes

Unas letras rotundas, doradas, icónicas y apetecibles. Accesos a deseos concedidos con toda la sencillez que una casa de lujo puede tolerar. Personalidad, distinción e incluso elegancia natural. Rotundidad y trasgresión desde el estilo y el carisma. Cierta mirada por encima del hombro.

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El ahora

Banalidad con toques asépticos, frialdad y desvinculación a la historia – ni siquiera del grunge –, estereotipos caducos, búsqueda de trasgresión y de referentes que chocan con la (supuesta) personalidad de la marca, casi como en un duelo de egos. Revolución, pero no como avance, sino como caos.

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 ¿Es eso el efecto deseado por Slimane?

¡Por supuesto, no olvidemos que la moda también es marketing!