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Una Audrey Hepburn que mira extasiada un escaparate al amanecer. Un vampiro “malote” que lucha contra sus congéneres.  Una jovencita que intenta provocar a su maduro profesor. Una alegoría de simulación y realidad virtual. o incluso un sarcástico programa de televisión

¿Que tiene en común estas referencias audiovisuales tan dispares? Las gafas de sol!, Uno de los completos más representativos de cada individuo, personalidad o marca, que aporta un detalle enigmático a su portador. Cada temporada se renueva sin perder su seña de identidad de ocultar la mirada para protegerla del sol. Desde estas gafas amarillas quiero hacer una breve reflexión sobre las implicaciones históricas y psicológicas que han supuesto las gafas de sol a la personalidad y el estilo mundial.
lolita1Según comenta wikipedia (Oh venerable sabia!) ya a mediados del siglo XVIII se comenzó a experimentar con el uso de lentes y cristales tintados para poner remedio a problemas de visión. El británico James Ayscough no sabía que estaba dando pie a uno de los complementos fundamentales en la historia de la moda. Ya en el siglo XX se extrapoló el uso de dichas gafas tintadas entre las estrellas del cine mudo, como rasgo de originalidad frente a la masa. Sería en 1929 cuando Sam Foster comenzaría la producción de gafas de sol económicas en los Estados Unidos y de ahí a las gafas polarizadas- en 1936 – y hasta las recientes “copias ilegales”, un paso, pasando por miles de diseños.

Pero en este caso no se pretende hablar de diseños, estilos ni modas relacionadas con las gafas de sol, sino las implicaciones psicológicas que produce su utilización y asimismo de los efectos que produce en las persona cuando las porta. Imágenes de jóvenes y jóvenas triunfadores/as paseando por una calle llena de gente con paso firme y con grandes gafas de sol, casi tan grandes como sus sonrisas, copan escenas de cientos de películas, anuncios y editoriales de moda (en cualquier época, que no sólo de los 80 vive la moda). Más allá de la necesidad de protección frente a los rayos de sol en esos casos están actuando como pantalla sobre la que protegerse del mundo exterior o cómo símbolo de diferenciación sobre el resto. Una protección que nos asegura que nuestra mirada no será interceptada por otros “mirones”, cristal que nos permite mirar sin ser mirados (carne de cañón para escotes de señoritas o culos masculino en vaqueros apretados).
Cómo se puede leer en el blog “rincón de la psicología”, en su artículo titulado el poder de las gafas de sol “Un estudio desarrollado por Glenn Wilson, profesor de la Universidad de Londres, afirma que llevar gafas de sol puede hacernos sentir más confiados y parecer más atractivos para el sexo opuesto”. Incluso llega a afirmar que llevar gafas de sol puede impulsarnos a hacer cosas que jamás nos atreveríamos de no llevarlas. ¿El efecto del anonimato? Investigadores de la Universidad de Toronto y de Carolina del Norte aseguran que usar gafas de sol nos hace particularmente desconfiados para con los otros y llega a promover comportamientos poco éticos. Nos lleva a la dicotomía, se trata de elementos que nos liberan, que nos desinhiben, o que nos facilitan la mala actuación.
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Asimismo también se modifica el comportamiento si las gafas son de firma o copias. En dicho artículo se muestran estudios realizados para definir si el uso de gafas de marca o copias también influye a la hora de la percepción de las mismas. Este informe, en palabras del blog sugiere que si las personas llevan gafas “copia” serán más susceptibles de comportarse de manera incívica, así, sugieren que “la falta de autenticidad de un producto puede hacer que sus dueños se sientan menos auténticos (a pesar de sus creencias de que las copias tienen ciertas ventajas) y este sentimiento les hace actuar de manera deshonesta. En pocas palabras: el hecho de sentirse como un fraude hace que las personas realmente cometan fraudes
Mas allá del color, de la nariz, o de cómo queden, las gafas de sol poseen implicaciones psicológicas y su uso en determinadas ocasiones, por ejemplo, cuando el individuo se encuentra rodeado de otras personas puede suponer una muestra de hermetismo, timidez o, por el contrario de altanería o incluso superioridad. Así que no olvides que con tu mirada velada también puedes estar lanzando mensajes al mundo.