En la facultad siempre me dijeron que se debían contrastar las informaciones, y claro está, en las imágenes debería pasar lo mismo.

Definir el punto exacto en el que se aprecian la mayoría de detalles, sin quemar ni oscurecer la foto y perder, de ese modo, información pictórica. Pero no puedo resistirme ante la belleza de las buenas fotografías hipercontrastadas, donde el blanco y el negro se convierten casi en colores planos, pero sin perder cierto matiz de profundidad, casi más en la fondo que en la forma.

La modelo Sigrid Agren se convierte en una dramática dama gracias al objetivo de Ben Hasset en el número de diciembre de Número China donde al fin y al cabo la ropa “da un poco igual”.

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