He podido disfrutar de una cena estupenda en Buns & Bones y os lo cuento para que no perdáis la oportunidad de ir…

Buns & Bones conquistó al público madrileño con su estilo rompedor y callejero en los bajos del Mercado de Antón Martín, donde contrastaba con el tono castizo y algo bohemio de los restaurantes de la zona. Marco Martínez, su artífice tenía en mente “crear un tipo de restaurante totalmente distinto a lo existente en Madrid, apostando además por un plato que ya estaba conquistando el mundo pero que aún tenía escasa presencia en las cocinas de la ciudad: el bao bun”. Casi dos años después, Buns & Bones ya se trata de una pequeña franquicia que cuenta con tres locales (El original en el Mercado de Antón Martín, el segundo abierto en la calle San Bernardo, y uno más en Guzmán el bueno)

Aunque sus platos estrella – y los que están popularizando – son los Baos y ahora el Poke. El equipo de cocina trabaja continuamente para renovar los platos de la carta de manera periódica (4-5 meses).

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Yo estuve en el de la Calle San Bernardo. Ya había oído hablar de él en redes sociales y había pasado varias veces por la puerta con interés, pero no había coincidido mi visita. Fui con mi madre y, aunque sé que es una mujer valiente y atrevida, me daba miedo que le pareciera muy moderno ¡Pero le encantó tanto como a mí! Disfrutamos cada bocado y nos pareció una comida muy bien compensada relación cantidad – calidad – precio. Platos generosos con muy buen (y sorprendente sin resultar loco) sabor a unos precios muy bien adaptado al público.  Además, el espacio esconde tras la cocina un elegante speakeasy o reservado para cenas de grupos, fiestas privadas y eventos.

Nos sorprendió también la decoración. El mismo Marco Martínez se ha ocupado del diseño de los espacios, jugando con el hormigón, paneles de containers, acolchados de capitoné y baldosas hidráulicas, éstas últimas con motivos gaudinianos idénticos a los baldosines del Paseo de Gracia de Barcelona. Yo lo definiría con una mezcla estupenda entre minimalismo y macarrismo.

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Mi iniciación en el Poke

Había oído mucho sobre este plato Hawaiano, de hecho mi compañera de piso es bastante fan, pero nunca lo había probado hasta mi visita a Buns & Bones. Em pareció no solo delicioso, sino una idea genial esa mezcla de sabores que te sorprende en cada pinchada.  Como me dijeron en el restaurante, que ha sido pionero en incorporar a su carta esta receta llegada del Pacífico, es ya uno de los platos más demandados de este verano, razón que ha animado a sus responsables a crear un apartado específico con cuatro nuevas versiones, y muy personales, de poke: tres de pescado y un cuarto de tofu, pensada principalmente para veganos.

El primero de ellos es su ya célebre Poke de Atún, con atún rojo, arroz, aguacate, cebollita china, lombarda y especias como los hilos de guindilla ito togorashi. Una receta en la que el atún se marina con especias asiáticas al ‘estilo dragón’, aportando el característico toque asiático de la cocina de Buns & Bones. Este es el que yo probé y os aseguro que merece mucho la pena. Toque diferenciador que también encontramos en el nuevo Poke de Tofu, plato que prácticamente cuenta con los mismos ingredientes aunque reemplazando el atún por tofu, lo que lo convierte en una propuesta totalmente apta para veganos – aunque igualmente recomendable para todo tipo de públicos-.

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Las otras dos novedades de la carta son el Poke de Pez Mantequilla, plato que, a su vez, reinterpreta el ceviche peruano, con pez mantequilla, cebolla roja, cebolleta, cilantro y raíz de loto, al que se le añade el imprescindible arroz blanco que requiere el poké; y, por último, el Poke de Salmón, una cuarta versión con un pescado de sabor más suave, que se hace acompañar de edamame, anacardos, puerro y sésamo. Este último pescado, con un alto contenido en Omega 3, refuerza aún más las propiedades beneficiosas de este plato ya de por sí repleto de superalimentos.

Buns and Bones para todos los gustos

También probamos un par de Buns – Que son bocadillos baos de Buns & Bones que se elaboran con pan traído directamente de Taiwán –país donde nació este célebre bocado- y con un relleno elaborado a partir de ingredientes de primera calidad, adquiridos en su mayoría en comercios locales. A los baos que ya son irremplazables en la calle Santa Isabel (Gambón en tempura al ajillo japonés, Pato Pekín), se suman nuevas creaciones más atractivas y sabrosas, como el Tonkatsu de solomillo de cerdo ibérico rebozado en tempura casera, ensalada de col, albahaca y salsa tonkatsu (de soja, salsa inglesa y pasta de tomate); el Hot Dog, una versión bao del perrito caliente con salchicha casera, ensalada de col, cebolla roja, pimiento verde y huevo de codorniz; o el Carnitas, que incluye un relleno habitual de los tacos mexicanos elaborado con morcillo de vaca.

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También hay opciones para el público vegetariano, que dispone de casi una decena de platos en el menú del restaurante. Aunque son las carnes, sin duda, la especialidad de la casa. El Churrascazo, uno de los platos estrella para compartir, se macera durante casi 20 horas y finalmente se dora a la brasa de carbón vegetal y sarmiento. Las Costillas BBQ y las Alitas de pollo de corral reciben el tiempo exacto de parrilla para conseguir una textura jugosa. Mención especial merece el Solomillo en Tataki con aceite de tuétano y un toque picante, en el que sorprenden para bien tanto la presentación como el sabor. Un festín con toques asiáticos que se puede rematar con alguno de los delicados postres de la casa: Panna Cota, Mousse de té verde o la novedad en esta segunda sucursal, la Piña colada sin alcohol.