Técnico, noble y deportivo, el L.U.C Engine One H es un verdadero híbrido estético entre la mecánica automovilística y la alta relojería. Los acabados de su movimiento de manufactura con tourbillón recuerdan a los de un motor. Por su disposición horizontal se asemeja al cuadro de a bordo de un coche de carreras. Estética, funcionalidad, rendimiento, Chopard sigue profundizando en la estrecha relación que, desde hace años, mantiene con el mundo de los coches de carreras.

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La relación que une al automovilismo y a la joyería es de una enorme profundidad y variedad y Chopard forma parte de ella desde hace muchos años. El L.U.C Engine One H es la renovada prueba de la apasionada relación del relojero con el mundo de la competición y su filosofía de conseguir conjugar las mejores prestaciones con el placer. Este reloj no está equipado con un V10 bi-turbo montado en una carrocería de aluminio, sino con un calibre de cuerda manual y un regulador de tourbillón que « propulsan » a una caja de titanio. La función del objeto es diferente, pero el espíritu y el placer siguen siendo parecidos.

Lo mejor de dos expresiones mecánicas

Concebido y realizado por la Manufactura Chopard en Fleurier, el movimiento de este reloj lleva la referencia L.U.C 04.02-L. Las aberturas a través de su calibre hacen referencia a la estética perforada de las tomas de aire de los coches de carreras. Las culatas de un motor han servido de inspiración para las ranuras grabadas a través de los puentes en el lado de la esfera. Funcionalidad obliga y estos últimos, en realidad, forman parte de la platina del mismo movimiento. Es visible desde ambos lados de la máquina gracias a dos espejos planos de cristal de zafiro. El juego entre superficies pulidas y satinadas, el desplazamiento de las curvas y la concavidad de las superficies muestran un estudio de las formas y una ergonomía especialmente avanzada.

El L.U.C Engine One H presenta la visualización de sus datos de manera perfectamente legible. Aunque las horas y los minutos se sitúan en el centro, la reserva de marcha se encuentra a la izquierda, a imagen de un indicador del nivel de carburante. El segundero pequeño, montado sobre el tourbillón, se sitúa a la derecha, como si de un contador de revoluciones se tratara. Con sus cinco filas de pespuntes, la correa, de cocodrilo por sus dos caras, tanto la interna como la externa, recuerda a la estética de los asientos de los coches de los años 60 y 70 y muestra el cuidado que Chopard pone hasta en los menores detalles de sus acabados.

Una interpretación automovilística

La arquitectura del L.U.C Engine One H se puede interpretar como la de un automóvil. Está equipado con un motor, (mecánico y no de combustión interna), dotado de un solo cilindro en posición longitudinal (el tourbillón). Está recubierto por una culata ranurada (sus puentes) de alpaca y acero en lugar de fundición de aluminio. El régimen de su motor es estable a 480 revoluciones por minuto (es decir, 28.800 alt/h o 4 Hz). Para optimizar su rendimiento rota sobre su propio eje (el tourbillón). Está dotado de una transmisión (el engranaje). Su depósito (el barrilete) le garantiza una autonomía (reserva de marcha) de 60 horas. El tapón de este depósito (la corona) se ha agrandado para facilitar su manipulación durante el repostaje en los paddocks (dar cuerda y poner en hora). Su rendimiento (su precisión) ha sido verificado en un taller independiente (el Control Oficial Suizo de Cronómetros, o COSC). El motor, (el calibre L.U.C 04.02-L) está montado sobre amortiguadores (silentblocs), que lo protegen de los golpes. El titanio con el que está fabricada su carrocería (la caja), le confiere ligereza, resistencia a las rayas y biocompatibilidad.

Con un giro de 90 grados, el L.U.C Engine One H cambia de rostro sin modificar la dirección en la que avanza. Fruto de una exigente iniciativa estética y mecánica, es más que una metáfora automovilística. Simboliza, una vez más, la estrecha relación entre Chopard y el mundo de las carreras automovilísticas y su determinación relojera.