Hermès veo, Hermès quiero.

envidia moda (2)

Inicialmente este post iba a ir titulado como pregunta ¿La moda es una cuestión de envidia? Pero a medida que lo escribía me di cuenta de que los símbolos de interrogación eran completamente innecesarios así que se ha quedado como una afirmación que ahora refrendaré: La moda es una cuestión de envidia.

La RAE define ENVIDIA como:  (Del lat. invidĭa). 1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno. / 2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

Siempre he pensado que la moda se movía por el deseo… los diseñadores suscitan el deseo de los consumidores y éstos caen rendidos ante sus prendas; o bien al revés, la calle ofrece elementos y tendencias deseables a los diseñadores que rápidamente copian y marketinizan (a lo mejor es una palabra inventada) lo que ven.

Hasta que comencé a pensar no ya sólo en el ejemplo individual de disfrute de la moda, sino la interacción que esta produce entre los humanos siendo capaz de agruparnos o dividirnos.

Si a esto sumamos que en cuestión de deseos, por naturaleza aprendemos y deseamos por comparación, no es de extrañar que al final del proceso sea la envidia la que hace que la moda se dinamice. Y esto puede llegar a sus máximas consecuencias en un país como España donde la envidia es deporte nacional tipificado. ¿Si no de qué iban a pegar esos bombazo Tous o Bimba y Lola? ¿De repente todo el mundo aprecia su buen diseño y calidad?

Olvidando la primera acepción del término (en este blog pensamos que de primeras todo el mundo es bueno), aquí algunos de los motivos por los que creo que la moda es más que deseo.

Marquitis, clones y falsificaciones

Si bien la gente que curramos en moda sabemos que la logomanía está de capa caída – aunque luego llegue Moschino y nos calle la boca a todos o celebremos como locos el cumpleaños del monogram de LV – hay que reconocer que un buen logo sigue atrayendo las miradas y los deseos de propios y extraños. De siempre el lujo ha intentado provocar – de manera muy sutil – envidia en los consumidores que no podían alcanzarlo. De ahí nace la creación y masificación de las copias de prendas o complementos. Mucha gente al no poder hacerse con la original – por precio o lejanía – recurren a la copia.

El “quiero justo eso” ha hecho que grandes marcas low cost fusilen colecciones de diseñadores temporada tras temporada, puesto que ven aumentadas sus ganancias. Y al revés, esa prenda clonada a su vez se ha convertido en objeto de deseo.

Prescriptores, famosos y blogueros

Desde finales de los 80, las firmas buscan en prescriptores famosos trasladar la imagen que pretenden extrapolar y asociarse a sus valores. Es imprescindible para ellos no convertirse sólo en objetos, sino también en esencia. Es por eso que los prescriptores cumplen una función primordial de imagen que ser imitada . ¿Quién no desearía parecerse más a ellos? ¡Pues puedes hacerlo copiando sus estilismos o consumiendo sus productos!.

En este momento, el auge de las blogueras de moda hace que, por ejemplo, algunos de los vestidos que luce Paula Echevarría se agoten sobre la marcha. El “lo quiero porque ella lo lleva” juega un papel fundamental.

Extraños, vecinos y amigos

Cuando esto llega a la calle, rápidamente se convierte en un imprescindible que empezamos a ver a nuestro entorno, provocándonos aún más deseo. Que tire la primera piedra la persona que jamás haya visto a una compañera de trabajo, a un vecino o su prima Puri con un estilismo genial y lo hayamos querido imitar. El ejemplo más extremo es, quizá, ese momento en el que estas dudoso sobre una compra que vas a realizar; dejas la prenda en su sitio y en ese momento la coge otra persona. AUTOMATICAMENTE, la quieres más que nada en el mundo. El “Yo también la tengo” (o “yo al vi primero”) es irrefutable.

 

Como veis, hay motivos muy diferentes y no siempre vinculados al “copias porque no tienes personalidad”, sino que puede haber muchas formas de caer en las redes de la envidia de la moda. A mi, como principal ejemplo, esta temporada me ha pasado con las zapatillas blancas. De siempre me han dado bastante igual, y esta temporada, que no paro de verlas por todos lados, las quiero. (Por cierto, calzo un 44 por si alguien me sorprende). Y creo que, aunque un tanto repetida, la foto que abre esta post de Avedon para Versace puede reflejar muy bien esta envidia de la moda. Porque es lo que yo haría a alguno para cogerle las zapatillas.

Bien seamos conscientes de la envidia que nos corroe al comprarnos una prenda o no ¡Que vivan los deseos suscitados!