ARQUITEC-TORIAS: Studio 54 fue a finales de los 70 el gran templo de la modernidad de Nueva York y del mundo en ese momento.

Paco Delgado Fernández / @Paqodf

fig. 1 Studio-54-1978

Entrada a la mítica Studio 54. Fuera se reunía más gente que la que había dentro

En la época de la música disco, sus fiestas eran las más famosas. Son tantas las leyendas que rodean a la mítica discoteca que difícilmente podrás oír una sin el clásico “se dice, se cuenta” antecediéndola. A pesar de que sus años dorados fueron pocos, las historias que han quedado de ella son muchas. Truman Capote y sus cisnes, Andy Warhol, Bianca Jagger, Diane Von Furstenberg, Paloma Picasso, Dalí, Yves Saint Laurent… eran los habituales de sus fiestas. Studio 54, exceso y perversión eran lo mismo. Drogas, alcohol, sexo y música disco. Grace Jones cantó allí por primera vez su versión de La vie en rose. Un auténtico paraíso…

fig. 2 Truman Capote

Truman Capote tomándose un respiro.

Steve Rubell y Ian Schrager fueron los encargados de abrir esta maravillosa Sodoma y Gomorra moderna en el centro de Nueva York. Rubell, un sibarita del exceso, sabía lo que tenía que ofrecer a sus clientes y lo que él mismo quería en su discoteca. Ante la avalancha de público ansioso por entrar en el club, ya la primera noche, Rubell se plantó en la puerta de la discoteca y comenzó a seleccionar quién merecía y quien no, cruzar la famosa cortina que daba paso a una fiesta continua. No importaba quien fueras, no importaba el dinero que tuvieras. Solo importaba gustarle a Rubell. Warren Beaty y Frank Sinatra fueron algunos de los personajes que se quedaron sin poder entrar a la fiesta de inauguración. De Cher se dice que se fue llorando porque Rubell le impidió la entrada mientras ella repetía, pero porqué, si yo soy Cher. Sin embargo un conductor de autobús que fue rechazado en la puerta por que su camisa no era del gusto de Rubell, consiguió cruzar al interior cuando al quitársela, Rubell quedó fascinado por su cuerpo de Apolo moderno. Y es que tenía muy claro que querían sus clientes Vips. Diversión y sexo sin límites y sin censura. Gente joven deseosa por escalar posiciones en la sociedad del momento y a la que no le importaba entregarse sexualmente a los placeres de los ricos caprichosos.

fig. 3 Bianca Jagger

Bianca Jagger en su cumpleaños entrando sobre un caballo blanco guiada por bailarines desnudos.

Una estatua de un hombre en la luna con un inhalador de cocaína era lo primero que se encontraban quienes conseguían entrar a Studio 54. Man in the moon with a cocaine spoon. Toda una revelación de lo que te aguardaba dentro. En la redada que se llevó a cabo en la discoteca después de la fiesta de cierre se cuenta que la cocaína aparecía cubriendo las paredes. Era el tiempo de las drogas. De la experimentación. La época previa al sida, donde no había miedo a dejarse llevar en auténticas bacanales en las que Rubell ejercía de Calígula moderno. La planta principal era la pista de baile donde todos se mezclaban con todos. Quien era alguien y quien aspiraba a serlo. Ese fue el secreto del éxito. Olvidar las etiquetas. Daba igual la raza, la orientación sexual, el dinero, la clase social. Allí todos vivían entregados a la música. En el sótano las fiestas más exclusivas. Las de famosos como Mick Jagger o Yves Saint Laurent. El espacio destinado a los reservados. Al cuarto día de la apertura de la discoteca, Rubell compró un caballo blanco para la fiesta de cumpleaños de Bianca Jagger, quien entró en la discoteca a lomos del animal. Aunque la leyenda reside en que después paseó por la pista de baile subida sobre el caballo y con los pechos al aire como una Lady Godiva seducida por la noche.

fig. 4 Grace Jones

Grace Jones durante una de sus actuaciones.

Pero la fiesta terminó. Las declaraciones de Rubell y su socio diciendo que sólo el negocio de la mafia ganaba más dinero que su club fueron el detonante para que se investigara todo lo que se movía en torno a la discoteca. Finalmente ambos socios fueron juzgados por malversación de fondos y condenados a la cárcel. Fue el fin de Studio 54. Aunque se intentó volver a poner en marcha ya nada fue igual. Hoy nos quedan fotos, muchas fotos maravillosas de los personajes de esa época. Personajes irrepetibles. Eso, y la estética que Tom Ford sigue reflejando en cada una de sus colecciones, porque él, también él, sucumbió al espíritu del exceso y la fiesta de Studio 54.

estudio 54 Tom Ford

Colección “Studio 54” de Tom Ford.