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Esta semana el blog de El Señor de las Gafas Amarillas ha cumplido 8 años. Hoy, yo, Manuel J. Romero, me quito la careta para reflexionar con vosotros sobre todo lo que he sentido y aprendido durante este tiempo. ¡Qué bien viene a veces pararse a pensar (tanto en lo bueno como en lo malo)!

Los blogs han muerto, ¡larga vida a los blogs!

Cuando el blog nació lo hizo con vocación de descubrir, informar y entretener. Éramos 4 gatos digitales deseando dar nuestro punto de vista sobre la moda y mostrar nuestro estilo. Sin más. Por supuesto que, cuando las marcas se dieron cuenta de “nuestro poder”, era el primero que quería estar presente en eventos, post patrocinado o acciones especiales. ¡Democratizamos la información y la opinión sobre moda y estilo! (con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva). El tema de los “celebrities – blogueros”, la homogeneización de perfiles, la compra de seguidores, los contenidos sin criterio, – en resumen: El postureo – llegaría después.

La era de los blogs “personales” ha pasado, ahora los perfiles digitales se centran en las redes sociales y el microcontenido (o macro, si vemos algunos vídeos). ¡La vida es así! Los blogs independientes funcionan a otro ritmo que el de hace algunos años. Podéis buscar sus estadísticas y las verás eclipsadas al compararlas con los datos en rr.ss. de cualquier cara bonita que combine ropa de Zara (o salga sin ella).

Pero si algo he aprendido en este tiempo es que tenemos que hacer lo que nos apasiona. Puede que los blogs hayan muerto porque el mercado evoluciona, todos lo hacemos, pero yo sigo estando cómodo en este espacio que también ha evolucionado y donde puedo expresarme con algo más de 4 hashtag.

El éxito es como el culo, cada uno tiene el suyo.

El éxito y el fracaso es solo lo que tú quieras que sea. Ha sido un largo camino hasta descubrir que todo es relativo y depende de donde pongas el foco. Cuando comento que soy blogger – y todo este camino – hay gente se sorprende para bien, mientras que otros piensan todo lo contrario. Es muy triste cuando, después de tantos años de trabajo haya gente que me llame fracasado por no tener más de 100 likes en una foto de Instagram. ¡Menudos pringados! Qué odiosa es la gente que da su opinión sin pedirla, ¿verdad?

No es oro todo lo que reluce…

Incluso haciendo lo que más te gusta y lo que más te libera, hay días o momentos malos. En todo este tiempo “luchando” hay cosas que dan rabia: Artículos que no funcionan bien, crecimiento que se estanca sin motivo, gente que te adelanta por la derecha a golpe de talonario, agencias que dejan de contar contigo porque no tienes los Ks necesarios… Como cualquier trabajo, ser “bloguero” es un camino de rosas con algunas espinas (frase no patrocinada por Mr Wonderful, lo prometo).

La frustración es inherente al ser humano. Tenemos que aprender, TODOS, a vivir con ella. Así que si algo te crea tensión, ¡pasa de eso! Como el otro día decía Jessica de Elegance Hunter refiriéndose a Instagram, ¿qué más te da? ¡Deja de seguir lo que no te haga feliz!

El cariño verdadero no se compra con dinero (ni haciendo cosas que no te gustan).

Me decía un amigo, literal, que [para él] “Rostropóvich era el mejor violonchelista tanto si tocaba delante de 50.000 personas y le aplaudían; como cuando tocaba en el salón de su casa y solo le escuchaba un vecino. ¡Porque el secreto está en disfrutar tocando, lo demás debe ser siempre circunstancial!”

Reconozco que a veces me he obsesionado con crecer, los likes, las visitas… Quiero que sepáis que lo he intentado. Mucho. De verdad. Menos comprar seguidores he hecho casi de todo con tal de “adaptarme”. He hecho vídeos con un esfuerzo sobrehumano, he tenido una representante que la pobre no pudo conseguirme nada en meses, he ido a fiestas que no me apetecían solo por intentar hacer contactos, he intentado hacerme el gracioso, el sexy, el tonto o el listo; pero he llegado a un punto en mi vida en el que no quiero “hacerme el nada”, ¡sino SER!

Repito hasta la saciedad que siempre he sido yo mismo, y aún así, mil veces me he perdido por el camino intentado gustar. En mi caso la tontería más improvisada, más natural, más real, era la que mejores resultados conseguía. ¿No era suficiente señal? Pero ya sabéis, no vemos la viga propia.

La vida sin “mojarse” es más aburrida.

Todo empezó con un personaje, con la facilidad de poder ponerse o quitarse la careta – en este caso las gafas -, pero poco a poco evolucionó a ser más “yo mismo” que “yo mismo”. A través de Gafas Amarillas era capaz de disfrutar y de luchar por cosas que Manuel ni siquiera imaginaba. Ahora, años después, es tarde, señora, ahora nadie puede apartarlo de mí. Más bien ya no somos santo y trino, somos uno hecho (bastante) carne. ¡Y quiero ser visible! ¡Nada de máscaras!

He opinado, bueno y malo, me he negado a diversas acciones, he luchado por visibilizar las causas con las que me comprometo. Y me enorgullezco de todo ello. Estos 8 años me han demostrado que vivir sin “mojarse” es inútil, ¡y muchísimo más aburrido! Ser siempre perfecto y políticamente correcto no me representa. Voy a ser real, no perfecto (sí, yo también estoy flipando de usar estas frases manidas de filosofía barata de Facebook).

La palabra influencer es fea.

Ya lo decía Melissa Hindell, ¡Si a mí lo que me gusta pintar son flores! ¡Yo siempre he querido ser bloguero! ¡No quiero entrar en el catalogo de influencers sin tener en cuenta mi pasado! De hecho creo que mi poder de “influencia” es bastante limitado. Sé que soy bueno comunicando, sé que tengo opinión, criterio y carácter pero no creo ser “un líder de masas”. Porque para ello hacen falta dos cosas: En primer lugar creer que lo eres y en segundo lugar: ¡masas!

Ahora, tras darme cuenta de lo que tengo y lo que me falta, me pregunto ¿para qué quiero más influencia si dejo de ser yo mismo? ¿Por qué justificar mi valía con un simple número? QUE-LE-DEN.

¡Que me quiten lo bailao!

En estos 8 años también ha habido (muchas) cosas buenas. He conocido a gente maravillosa, me he expresado – y seguiré haciéndolo – como me ha dado la gana, he ido a eventos, desfiles, viajes, fiestas que me han hecho muy feliz, he conseguido un sobresueldo y regalos. Pero lo más importante, me he quitado muchos prejuicios y complejos en cuanto a mi físico y mi personalidad. He llorado, he reído, he carcajeado, he bailado, he cantado (sale mal) ¡y seguiré haciéndolo! y ahora ¡que me quiten lo bailao!

Mi blog y cada día el de más gente.

También me he dado cuenta lo acompañado que estoy y cómo la gente que me quiere me ha ayudado a continuar con mi sueño (aunque a veces no crean del todo en él). Desde ayudarme con una foto tonta a convertirse en columnista del blog. (sí, hubo un tiempo que este blog acogió a grandes amigos para debatir y reflexionar sobre diversos temas).

Ver cómo mis padres han lidiado entre el orgullo y la vergüenza por ver mi vida expuesta a través de este medio y apoyar siempre mis decisiones; sentir que mis amigos han estado ahí con cada paranoia que tenia por el blog, paradas porque “la foto estaba ahí”, aceptar comer la comida un poco más fría con tal de que echara una foto antes… Algunos son grandes sacrificios, otros tonterías, pero todos me han demostrado que este blog no es solo mío, sino de mucha gente que ha creído en mí.

Y por supuesto, de todos vosotros/as que estáis ahí leyendo, porque no me habéis dejado gritar al vacío. Si todo este esfuerzo ha servido aunque sea para entreteneros un poquito, ¡ha merecido la pena!


Como soy levemente bipolar, hay días que estoy súper animado y deseando darlo todo por El Señor de las Gafas Amarillas y otros en los que lo mandaría a la mierda. Pero da igual si es una vez al día, una vez a la semana o una vez al mes. Lo tengo claro: ¡Quiero seguir escribiendo! ¡Y quiero que sigáis acompañándome en este camino que además de descubrirnos cosas de moda y Lifestyle me está descubriendo muchas cosas de mí mismo!